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Rendición de cuentas 2019
Jorge Iván González

Jorge Iván González

Doctor en Economía, profesor universitario, consultor

El aumento y la recomposición de la pobreza en Bogotá


Edición Nº 7. Diciembre de 2020. Pensar la Ciudad
Autor: Jorge Iván González | Publicado en December 22, 2020
Imagen articulo El aumento y la recomposición de la pobreza en Bogotá

1.  La incidencia de la pobreza aumentó

De acuerdo con los últimos datos entregados por el Dane correspondientes al 2019, la pobreza en Bogotá aumentó. El porcentaje más bajo se presentó en el 2014 (23,3%), y a partir de allí, la tendencia ha sido creciente, llegando a 27,2% en el 2019.

Entre el 2018 y el 2019, el número de pobres pasó de 2,1 millones a 2,2 millones, así que 88.951 personas cayeron en la pobreza.

Incidencia de la pobreza monetaria (% personas) - 2012-2019

 

2012

2013

2014

2015

2016

2017

2018

2019

Barranquilla A.M.

34,8

32,8

29,9

26,7

26,2

24,8

24,9

25,6

Bogotá

26,9

24,3

23,3

25,1

25,9

28,4

26,4

27,2

Bucaramanga A.M.

23,4

22,8

20,0

20,6

25,9

27,5

29,8

31,4

Cali A.M.

30,5

28,7

26,1

23,6

22,3

22,2

21,6

21,9

Cartagena

40,9

36,9

34,9

34,9

38,5

35,0

34,9

34,3

Cúcuta A.M.

35,5

34,5

37,1

37,4

38,2

37,3

41,0

45,5

Ibagué

32,5

29,6

27,1

27,7

30,6

29,6

29,8

30,9

Manizales A.M.

26,7

25,1

24,9

22,6

24,2

22,4

20,3

20,6

Medellín A.M.

28,7

26,0

24,5

23,8

24,2

23,3

23,2

24,4

Montería

41,7

38,7

25,9

31,4

35,9

32,9

32,6

35,7

Pasto

50,9

43,9

43,1

40,6

37,1

35,6

40,3

36,5

Pereira A.M.

33,9

37,1

32,5

30,7

30,2

26,8

27,9

28,7

Villavicencio

33,2

32,5

29,0

28,8

32,1

30,1

29,8

30,3

Nacional

40,8

38,3

36,3

36,1

36,2

35,2

34,7

35,7

Cabeceras

36,0

33,9

31,7

31,6

32,4

31,9

31,4

32,3

Rural disperso

56,4

52,8

51,5

51,5

48,8

46,2

46,0

47,5

13 ciudades - AM

30,2

28,0

26,1

26,2

27,0

27,2

26,7

27,6

Otras cabeceras

44,4

42,5

39,6

39,3

40,3

38,7

38,2

39,1

Fuente: Dane (2020)

También en el nivel nacional se observa un aumento de la pobreza. En el país, en-tre 2018 y 2019, la pobreza pasó de 34,7% a 35,7%. Ello significa que el número de personas pobres pasó de 16,8 millones a 17,4. En un año el número de pobres se incrementó en 662 mil.

Bogotá y Bucaramanga han perdido el liderazgo que tenían en la lucha contra la pobreza. En la última década se habían caracterizado por sus logros sociales. Y, especialmente por tener los niveles más bajos de pobreza. La situación ha cambia-do de manera significativa, y la incidencia de la pobreza aumentó en las dos ciuda-des. En el 2019 Bogotá ocupó el quinto lugar. El primer lugar le correspondió a Manizales, que es la ciudad con menos incidencia (20,6%). Y le siguen Cali (21,9%), Medellín (24,4%) y Barranquilla (25,6%).

Para el gobierno de la ciudad debe ser motivo de preocupación el rezago en el que está cayendo Bogotá. Pero es importante que en las decisiones de política pública se tenga en cuenta, además de las variaciones anuales, la forma como los cambios en la estructura del consumo están incidiendo en el valor de la línea de pobreza.

2.  Estructura de consumo y línea de pobreza

En la estimación de la línea de pobreza es muy importante el cambio en la estructu-ra de consumo de los hogares, que se capta a través del coeficiente que propuso Mollie Orshansky a comienzos de los años 60s. Es la relación entre el gasto total y el gasto en alimentos. Si el nivel de vida mejora el coeficiente de Orshansky tiende a aumentar, porque el peso que tienen los alimentos es relativamente menor. En la mayoría de las ciudades del país, se ha reducido la importancia de los alimentos en la estructura de consumo, y por esta razón el coeficiente de Orshansky ha aumen-tado. En los últimos 10 años, en Bogotá pasó de 2,4 a 2,57. Este incremento eleva la línea de pobreza, haciéndola más exigente.

La línea de pobreza es igual al valor de la canasta nutricional básica (o línea de indigencia, o de pobreza extrema) multiplicado por el coeficiente de Orshansky. Cuando el Orshansky es de 1, la línea de pobreza es igual a la de indigencia. La persona que está en el límite de la pobreza extrema destina todo el ingreso a la compra de alimentos. En Bogotá el valor de la línea de pobreza, en pesos del 2019, es $448.749 mes persona. Así que un hogar de 4 personas que tenga ingresos infe-riores a $1.794.996 es pobre.

El mayor valor del Orshansky es, en cierta forma, una buena noticia. Muestra que los hogares cada vez consumen más bienes diferentes a los alimentos. Colombia es un país más urbanizado, y en el mediano plazo, y en el promedio, los niveles de ingreso han ido mejorando. Y estos avances se reflejan en un aumento del Ors-hansky.

El hecho relevante con respecto a la estructura de consumo de los hogares es el mayor peso que ha adquirido el gasto en vivienda. Es la explicación más clara del aumento del Orshansky. En los hogares del decil 1, los más pobres, el gasto en vi-vienda compromete alrededor del 40% del ingreso.

La secuencia analítica es la siguiente: el costo de la vivienda sube, el Orshansky se incrementa, el nivel de la línea de pobreza se eleva, y crece el número de personas pobres. Esta secuencia obliga a replantear la política social, de tal manera que se les dé prioridad a los programas relacionados con el hábitat, la vivienda y los ser-vicios públicos. Si disminuye el peso que estos servicios tienen en el consumo de los hogares, la pobreza disminuye.

Preocupa que junto con el aumento de la pobreza también se haya acentuado la desigualdad. En Bogotá, entre el 2015 y el 2019, el Gini pasó de 0.498 a 0,513. Y a nivel nacional, el Gini ha venido aumentando desde el 2017, y pasó de 0,508 a 0,526 en el 2019. La mayor desigualdad se explica porque entre el 2018 y 2019 los hogares pertenecientes al quintil 1, los más pobres, tuvieron una reducción del in-greso per cápita de  6,2%. Mientras tanto, en el quintil 5, el ingreso aumentó 1,6%.

Al descomponer los factores que pueden estar incidiendo en el aumento de la po-breza entre 2018 y 2019 se observa que el efecto crecimiento tiene el mayor peso. Las dificultades ocasionadas por las altas tasas de desempleo han afectado de ma-nera especial a los más pobres, y su pérdida de ingreso explica el aumento del Gini.

La tendencia a la concentración del ingreso en Bogotá también se puede constatar al analizar la participación de cada decil en el ingreso total. En el 2012 el decil 1 tenía el 1,6% de todo el ingreso, y el decil 10 el 40,3%. En el 2019 los porcentajes respectivos fueron 1,4% y 41,1%.

Del diagnóstico anterior se desprenden tres hechos relevantes para la ciudad: au-mento del Orshansky, crecimiento de la pobreza y mayor desigualdad. Estas cons-tataciones obligan a reflexionar sobre alternativas de política social que vayan más allá de la distribución de subsidios. Es necesario, entonces, replantear los énfasis de la política social. Si los valores observados en el 2019 son preocupantes, el pa-norama será mucho más difícil en el 2020, dado el avance de la pandemia.

La política pública le tiene que prestar especial atención a los aspectos relaciona-dos con la vivienda, el precio de suelo y el urbanismo. En este sentido se recupera la importancia de los ordenamientos territoriales, y se pone en evidencia el papel neurálgico que cumple el POT. Se reitera, entonces, la relación estrecha que existe entre la espacialidad y calidad de vida. El cambio en las estructuras de consumo llama la atención sobre la relevancia de las políticas de vivienda, comenzando con los aspectos relacionados con la renovación urbana.

En Bogotá se debería avanzar en cuatro direcciones. Por un lado, replantear las funciones y las relaciones entre la Empresa de Renovación Urbana (ERU) y Me-trovivienda. Los avances en la renovación han sido muy débiles, y esta falta de acción termina expresándose en un mayor precio del suelo. Las acciones de reno-vación urbana deben contribuir a disminuir el costo de la vivienda y de los servi-cios público.

El segundo camino es el análisis del cierre financiero de los proyectos de vivienda. De manera equivocada, todavía se insiste en buscar que el equilibrio contable se lleve a cabo a nivel de proyecto, en lugar de diseñar mecanismos que permitan cie-rres más globales. Los desequilibrios financieros que son inevitables en los pro-gramas de vivienda social, tienen que ser compensados con recursos generales de la administración distrital.

El tercer punto de atención debería ser la concentración inmobiliaria. La ciudad está en mora de hacerle un seguimiento juicioso y sistemático al Gini de la propie-dad inmobiliaria. La concentración lleva a la especulación, que terminan expre-sándose en precios más altos del suelo y la vivienda.

La cuarta aproximación tiene que examinar la relación que existe diversas opcio-nes de inversión. Las decisiones de adquirir bienes inmuebles dependen de la eva-luación de alternativas de orden nacional e internacional. Es posible, por ejemplo, que el mayor precio de los inmuebles en las grandes ciudades de América Latina tenga que ver con una mayor demanda derivada de la menor rentabilidad de títulos del Tesoro de los Estados Unidos.