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Carmenza Saldias Barreneche

Carmenza Saldias Barreneche

Ex secretaria de Hacienda y Planeación de Bogotá

En tiempos del virus, ¿qué es verdad?


Edición Nº 7. Diciembre de 2020. Pensar la Ciudad
Autor: Carmenza Saldias Barreneche | Publicado en December 22, 2020
Imagen articulo En tiempos del virus, ¿qué es verdad?

Una época de revelaciones

Nueve meses después de declarada la Pandemia (marzo 11), llego diciembre y el virus sigue aquí. Su impacto se siente en (casi) todos los países, lugares y grupos de población, aunque no afecta a todos ni todas por igual.

La crisis sanitaria puso en evidencia crudas realidades ambientales, sociales, económicas, políticas y administrativas que explican en parte, sus causas, a escala nacional y global, y hacen pensar en cómo debería ser el futuro si se superaran las distorsiones estructurales de la visión económica dominante, algunas al límite de lo admisible, y que no hacían del mundo un buen lugar para miles de millones de personas desde antes de esta Pandemia.

1.    ¿De quién es la culpa de la Pandemia?

Según muchas personas, del azar, un castigo divino, un complot o una cuenta de cobro de la naturaleza; respuestas que hacen pensar que fue sorpresiva. Pero eso puede ser cierto para la ciudadanía en general, no para quienes ostentan dignidades y cargos en instancias y organizaciones del poder en sus distintas manifestaciones y escalas, cuyas responsabilidades se hacen invisibles con las explicaciones de “generación espontánea”. 

La posibilidad de una crisis sanitaria era alta y conocida en gobiernos, organizaciones multilaterales, clubes de elite, etc. donde las advertencias llegaron por décadas, como las del cambio climático, desde la ciencia, movimientos sociales, futurología y ciencia ficción. Pero los “hacedores y tomadores de decisiones” las desestimaron reiteradamente, no las tomaron en serio. 

Esas advertencias debieron generar decisiones y acciones contundentes por parte de quienes controlan las organizaciones del poder, para proteger a la ciudadanía, como sería fortalecer la capacidad de prevención y previsión del sistema sanitario y de salud, de enormes proporciones económicas a nivel global; y manejarlo con criterios de bienestar y seguridad social, no de negocio y enriquecimiento. 

El confinamiento no es atribuible al virus y su capacidad de contagio, sino a la incapacidad, insuficiencia (casi) generalizada de infraestructura clínica y hospitalaria, personal y condiciones para atender a la población. Y las carencias no son por falta de recursos, que abundan, sino porque ha sido más rentable invertir en formación para cirugía plástica que en cuidados intensivos, y las camas de hotel rotan más y por menor costo que las UCI en los hospitales.

Si la Pandemia estaba anunciada y las verdaderas razones de la declaración de cuarentenas y confinamientos fueron la omisión, irresponsabilidad, desestimación de los riesgos por parte de los gobiernos, y quizás de lo “multilateral” por hacerse cómplice de los intereses de los estados nacionales y el gran capital global, es posible sostener que todo este aparataje, salvadas excepciones, ha sido, ¿y es?, incapaz de actuar para proteger, de manera preventiva a la ciudadanía real. 

2.    ¿La crisis económica es resultado de la crisis sanitaria?

Tanto el virus como la Pandemia y sus efectos son síntomas, no causas, de la crisis global del sistema general denominado patriarcado, convertido en doctrina del Mercado-Dios por medio del discurso neoliberal, que ahora está seriamente superado por la realidad. La misma crisis económica acecha hace años, tal vez desde 2008, y la volatilidad, ralentización y freno de la economía global que se venía registrando entre 2015-2019 confirmarían que la misma ya estaba presente. 

Los estudios del FMI, BM, CEPAL, filántropos y científicos demuestran que la crisis económica estaba latente, probablemente desde 2008. Otros autores aseguran que es recurrente, desde la crisis del petróleo en 1972, cuando el neoliberalismo empezó a desmantelar los límites y controles al sistema económico y las derechas políticas hicieron lo propio al Estado de bienestar, recortando la seguridad y protección social mientras tomaban los privilegios para sí y grupos cercanos, y destruían los contrapesos al poder para crear dictaduras presidenciales de hecho.

La Pandemia es una consecuencia del manejo de factores diversos de carácter cultural, económico, político y empresarial que, en ausencia de principios de ética o interés general, derivaron en la crisis climática, gran crisis general del capitalismo o gran colapso.

Las cuarentenas y confinamientos y sus efectos económicos no son atribuibles a decisiones de los gobiernos para cuidar la vida, sino a consecuencias de una visión económica que, cuando correspondía decidir para atender de manera preventiva a la población y el sistema, optó por inversiones de corto plazo y mayor rentabilidad. Los costos de hoy son las inversiones no realizadas a tiempo.

3.    ¿La economía se paró?

Desde el comienzo, la situación se ha abordado como un falso dilema entre la vida o la economía. Las grandes empresas, en particular del comercio y los servicios no esenciales, y el poder gremial y mediático, usaron sus casos particulares y grupales para convertirlos en narrativa sobre la situación general. Lo que de paso los convirtió en receptores prioritarios de las ayudas.

Las decisiones y acciones de los gobiernos enfocaron su apoyo primordialmente a los sectores con mayor poder de reclamo, no a los más relevantes para sostener el sistema social y económico; a proteger las utilidades empresariales de corto plazo y a los sectores formales de la economía, mientras se ignoró a los sectores de mayor importancia en la generación de empleo y no se dieron oportunidades para quienes no han sido integrados bajo ningún aspecto en el sistema formal. 

En términos conceptuales, se hizo obvia una verdad milenaria pero olvidada, sobre la importancia de algunas actividades que, a pesar de ser vitales, no han tenido valor ni precio y están excluidas del mercado, mientras la economía moderna atribuye el valor a necesidades creadas pero no vitales, distorsiona la escala de asignación de prioridades en la producción, no por su aporte vital, sino por la utilidad económica que generan, más allá de lo justo y ético de su producción, o de la responsabilidad con el consumidor y el conjunto social.

Al reconocer esa diferencia entre la economía esencial y no esencial, la pregunta es si realmente la economía se paró, o eso ocurrió para algunas actividades y sectores, mientras otras aumentaron su actividad e innovaron de manera importante para mantener su dinámica en relativas condiciones de “normalidad”. Para responder, se puede acudir a algunos ejemplos.

•    El sector agropecuario 

Si bien hay muchas diferencias según países y regiones, no se han registrado situaciones de desabastecimiento de alimentos, o problemas de suministro y provisión, casi siempre realizada por economías rurales ligadas a las áreas urbanas. Y esa constante, enorme y oportuna producción de alimentos, por empresarios (casi) a su propio riesgo, con nula o poca asistencia técnica, crédito o similares, con sus trabajadores en actividad continua, seguramente no ameritan noticia.

Pero ¿reciben los sectores esenciales como el agropecuario, que está cumpliendo en especial en su sector de alimentos, con lujo de detalles, la atención, valoración, respaldo, para favorecerlo, no momentánea sino estructuralmente y revalorizar su aporte y los pagos a los agentes que intervienen en el mismo?

La reconfiguración del sistema económico pasa por reconsiderar el lugar y el valor de la producción agroalimentaria y de insumos de bienes esenciales, lo que debe llevar aparejada la provisión a las áreas rurales de condiciones de vida y bienestar acordes a la civilización urbana.

•    El sector de bienes y servicios esenciales de la economía urbana

Comprenden un amplio conjunto de actividades de producción y servicios, tanto de ciudad y de bienes públicos y sociales, como de otros tipos de bienes y servicios de producción y prestación privada afín a los derechos y competencias estatales. Son actividades empresariales de transformación, artesanal o industrial; de comercio de bienes esenciales y no esenciales, muchos impulsados por la reintroducción del servicio a domicilio. También los servicios, tan esenciales como los públicos, o los que manda la virtualización.

En ninguno se registró un paro, aunque hayan presentado alguna caída en el ritmo o nivel de actividad. Más bien se han robustecido y, si se piensa en la posibilidad de valorizar mejor estos tipos de empleos, un buen número de ellos asociados a las actividades, por extensión, de la economía doméstica y del cuidado, y como ellas, subestimado, la economía en general se reactivaría, aunque por la vía de otros agentes distintos a los tradicionales.

Sería injusto no mencionar a un sector vital, a veces informal, de producción de pequeña escala a nivel barrial o de comercio, como las tiendas de barrio, que no han dejado de operar ni de atender sus mercados, configurando y visibilizando las cadenas productivas cortas, de carácter esencial en el soporte de la vida real.

Todas estas actividades, a pesar de limitaciones, no han dejado de trabajar, algunas han aumentado. Está por medirse. Y como en los anteriores casos, si a estos sectores se les diera más valor, mejores salarios y condiciones en general, podrían a ayudar a la dinamización y reactivación económica, sin lugar a duda, y a su reconfiguración estructural.

•    La economía doméstica, del cuidado

No paró y está siendo exigida más de lo usual, incluida la virtualización del trabajo que traslado a la esfera doméstica, las cargas y soportes al trabajo tradicional. Todo lo conocido como servicios generales y que son significativos en el funcionamiento del sistema formal, fueron en buena medida asignados a las personas encargadas de trabajo doméstico y del cuidado, sin existir remuneración ni valoración social. Mientras tanto gran parte de las ayudas estatales van a las personas que perdieron su trabajo en la esfera formal.

También la carga complementaria de los sistemas sociales de salud y educación fueron traslados las familias y grupos cercanos, sin ninguna consideración sobre la reducción de costos para unos, el aumento del trabajo, las actividades y esfuerzos de las personas del mundo doméstico y del cuidado, ni compensación por estas cargas del sistema social, que se trasladan, en su mayoría, a las mujeres que aparecen registradas en el DANE, y la contabilidad mundial, como inactivas.

Durante los meses de Pandemia se ha venido realizando un traslado de las actividades susceptibles de virtualizar de miles de empresas de los distintos sectores, desde las oficinas y sitios tradicionales, hacia las esferas domésticas, que ratifican su carácter de unidad de producción con la llegada de las actividades formales, y permite visibilizar el carácter esencial de las actividades de servicios generales-domesticas/del cuidado, confirmar su carácter estructuralmente productivo y ajustado a las condiciones de la economía convencional.

Y reivindicar, reconocer, resaltar ahora el trabajo de las mujeres y hombres que lo realizan, es de justicia, y es o puede llegar a ser muy relevante en términos económicos. Reconocer la existencia en millones de puestos de trabajo asociados al ejercicio de estos trabajos, es una manera de enriquecer la comprensión del sistema laboral, y facilitar la incorporación de quienes lo realizan.

*   El presente articulo es una versión sintética y parcial del articulo En tiempos de crisis, verdades que pesan. Revista Foro. Fundación Foro por Colombia. Edición 102-103. Bogotá. Diciembre 3 de 2020.